Historia
LA RIOJANA: EL OLOR DE MÁLAGA A CHOCOLATE
LA RIOJANA: EL OLOR DE MÁLAGA A CHOCOLATE

Un extranjero (…) cuando llegue a Málaga notará seguramente que ha dejado atrás a la nación española (…). Percibirá, en suma, que el progreso ha puesto realmente pie en las orillas de España. Thomas Debary -Vista de Málaga desde la Alcazaba en el siglo XIX.-
Su puerto estratégico y su clima excepcional siempre han marcado la historia de la capital de la Costa del Sol. Sólo por hablar de ello en la época que nos concierne, comienza una época de esplendor desde 1778, cuando Carlos III concedió libertad de comercio con América y el puerto de Málaga era uno de los autorizados. Por otra parte, la naturaleza había dotado a su banda costera de un clima inmejorable para los frutos secos y la uva, que sus naturales habían aprendido a solear hasta convertirlas en pasas.
Sus olores inundaron los puertos europeos y sirvieron de reclamo para que llegasen comerciantes de diferentes rincones del mundo que aumentaron su tráfico mercantil y, en consecuencia, enriquecieron a la ciudad y sus gentes. Pero fueron españoles llegados de La Rioja, más concretamente de la zona de Cameros, los que desarrollarían su industria, además en una época en la que la pujanza debida al comercio del siglo XVIII había desaparecido totalmente desde el comienzo del siglo siguiente: La fiebre amarilla de 1803 y 1804 redujo su población en un tercio, además hubo terremotos, inundaciones y malas cosechas que hicieron que muchos malagueños tuvieran que pedir limosna por las calles. Cuando aún no se habían recuperado de esos desastres, las tropas napoleónicas, como habían hecho con casi toda España, invaden toda su tierra.

Cromo troquelado donde se destaca también la venta de cafés
Pero antes de comenzar todas estas miserias, en 1801, había llegado a Vélez Málaga un joven huérfano de quince años, natural de Rabanera de Cameros, en Logroño, que iba a llegar a convertirse en la persona que más progreso llevaría a Málaga en toda su historia. Se llamaba Manuel Agustín de Heredia y llegó a tener una de las principales fortunas de España. Su vida es una continua aventura apasionante arropada por una pasión emprendedora y una gran visión comercial. Baste con decir que fundó los primeros altos hornos de España en Marbella en 1826 y sus hijos pondrían la primera industria textil de España también en Málaga. Esto, por desgracia, casi se desconoce hoy, cuando tendría que ser motivo de orgullo y casi veneración. No es este el lugar para destacar todas sus empresas, que llegaron a dar trabajo a varios miles de personas. Sin embargo, si vamos a remarcar una empresa que no la llevó a buen fin, no por falta de empeño ni apoyo económico, sino ¡por la climatología! En 1830 Claude Boutelou, director de los jardines del Alcázar de Sevilla, llegó a Málaga comisionado por el gobierno de España para tratar de aclimatar la planta del cacao y otras plantas procedentes de Cuba. Dos años después escribía al ministro diciéndole que las bajas temperaturas, que alcanzaron los dos grados, habían hecho que se perdieran “los arbolitos de cacao que se habían traído de América y los que nacieron de simiente en Málaga”.

Preciosa caja en madera forrada en papel, donde destacan los primeros premios conseguidos. Uno de los más importantes fue el conseguido en la Exposición sal de Viena en 1873.
Boutelou actuó de director técnico y Manuel Agustín de Heredia de director financiero, siendo director del Jardín de Aclimatación de Málaga. Sin duda su instinto y su libro de cuentas de las importaciones de cacao que hacía con su flota le llevó a plantearse poner una plantación de cacao como la que intentó en el barrio de Huelin de la capital malagueña.

Cromo-tarjeta troquelada, calada y con relieves. Uno de los más finos trabajos en la época de Hijos A. J. Gómez.
En 1847 llegó a Málaga un chico de 15 años, posiblemente huérfano de madre, procedente de la comarca de Cameros en La Rioja, concretamente de “Soto de Cameros” y tan sólo diez años después crea, el 21 de abril de 1857, la fábrica de chocolate movida a vapor “La Riojana” bajo la sociedad López Hermanos. Recién fundada la fábrica, o poco antes, su padre se viene a Málaga y Alejo junto con su hermano Gumersindo compran las casas nº 34 al 38 de la calle San Juan, demuelen la del nº 36 y 38 y construyen un “almacén de géneros coloniales, extranjeros y del Reino al por mayor”, poco más sabemos de sus vidas salvo que Alejo llegó a ser diputado a Cortes por Vélez Málaga, pero, afortunadamente, si que sabemos como fue aquella fábrica de chocolate que se construyó tan sólo dos años después que se instalara en Madrid la primera fábrica de chocolate en España, la Compañía Colonial, de los hermanos Meric, que acabaría con la mayoría de los molinos de chocolate a brazo.

Extraordinario grabado de hacia 1869 de la fábrica La Riojana. Hasta ahora la primera “fotografía” de una fábrica de chocolate española por dentro.
Estaba situada en la malagueña calle Mármoles nº 105. Contaba con una máquina de vapor de 16 caballos que a través de su eje central movía por transmisión de sus poleas “diez y ocho mecanismos diferentes” que “hacen todas las operaciones abreviándolas maravillosamente”, les daba trabajo a 25 operarios y fabricaba 1500 libras diarias. Aunque la Compañía Colonial y La Riojana se instalaron 40 años después que lo hicieran las fábricas de chocolate en Francia, Holanda y Suiza, si hay que destacar que las españolas comienzan con mucha más potencia en su maquinaria que, por ejemplo, Chocolates Poulain, que llegaría a ser una de las más importantes del mundo, que comienza en Blois con una máquina de 5 C.V en 1850 y no hablemos de Pelletier, que comienza en 1819 con 4 C.V. fabricando ¡66 kilos de chocolate al día!
En el grabado se puede observar como era la fabricación de La Riojana en sus primeros comienzos. Al no observarse ningún tostador de cacao, tenemos que suponer que estaría aparte por motivos higiénicos, tampoco aparece un quebrantador de granos y la descascarilladora, normalmente una tarara de madera, que separaba la cascarilla de los trozos limpios de cacao. Previo al tostado se limpiaba de restos orgánicos y piedras a través de una criba y a mano que es lo que pueden estar haciendo las tres personas que figuran a la izquierda. En el centro, debajo del ventilador, vemos lo que podría ser un molino de azúcar, aunque es extraño que sólo tenga una piedra y que no sea cónica y a su izquierda y derecha se repiten tres máquinas iguales lo que nos indica una buena producción en consonancia con lo que indica su publicidad “El crédito que progresivamente va adquiriendo, ha elevado su elaboración al considerable número de dos mil libras diarias”. La primera de ellas con techo en forma de pirámide puede ser el molino de cacao que solía tener cuatro o seis piedras cónicas que giraban sobre la solera de piedra también. El roce hacía que se derritiese la pasta de cacao hasta formar el “licor” y así se echaba al “galé” o amasadora junto con la azúcar molida y la canela si la llevaba. Esta máquina es inconfundible en el grabado. Es la que aparece a la izquierda con un señor hincado de rodillas, seguramente alimentando un brasero que se ponía debajo para calentar a la piedra solera que es la que gira y encima lleva otras dos que pueden subir y bajar y que la masa las hace girar.

Bonito ejemplo de los juegos de papel de obsequio a sus clientes. Se intercambian las cabezas, el tronco y las extremidades entre personas y animales.
Una vez formada la mezcla, se llevaba a la reinadora que es la tercera máquina, compuesta de tres cilindros horizontales con una tolva encima que iba dejando caer la masa e iba disminuyendo el tamaño de sus partículas para que no fuera arenoso el chocolate como ocurre con el elaborado a brazo.

Una de las más famosas series de cromos de La Riojana (impresa en Alemania). Época de Hijos de A.J. Gómez.
Esto último fue uno de los principales cambios conseguidos con la industria, otro, mucho más importante, fue la bajada de precios que acercaría a muchas más bocas el humeante chocolate, lo decimos intencionadamente así para indicar que el chocolate por estos años sólo se bebía y no se comía aún. Esos precios menores quedan confirmados en el pie del grabado también. Oscilaban desde los 3 reales/libra los de 6ª clase a 8 reales/libra los de 1ª. Variando desde un 40% de cacao los inferiores hasta un 60% los superiores y desde un 100% de cacao de Guayaquil los inferiores y se iba mejorando con cacao de Caracas y hasta de Soconusco en los superiores.
Pero también es muy importante que veamos cuantitativamente que representó ese aumento en el consumo gracias a la industrialización

Kilos de Cacao importados por España desde el puerto de Guayaquil y kilos de chocolate estimados que se podían fabricar con él.
Cuatro años después del establecimiento de La Riojana, ésta fabricaba ya “600.000 libras al año” (275.000 kilos) “que colocaba en Andalucía” y con un crecimiento fortísimo que le llevó a aumentar la potencia a más del doble con la que comenzó.

Cartulinas cromolitografiadas y troqueladas.
Los 40 C.V. dio para despachos en Madrid y Sevilla y para encontrar novia Alejo, que conocería en uno de sus continuos viajes comerciales a la ursaonense Mª Ángeles García Galeazo. Pero a pesar de sus continuos aumentos de producción, no son lo suficientes para poder competir sobre todo con la Compañía Colonial, de Madrid, la mayor fábrica de chocolate de España en aquellos momentos a la que se uniría la del famoso Matías López, que hace que en 1881 tenga que cerrar la tienda en la capital de España y abra una nueva en Cádiz. Ese año estaba ya fabricando 10.000 libras diarias.
Estamos en los años más extraordinarios en la fabricación del chocolate. En 1875 Gala Peter fabrica por primera vez un chocolate con leche y, cuatro años después, Lindt inventa la “concha”, basándose en el funcionamiento de los antiguos metates aztecas. Una máquina que revolucionó este producto e hizo que los chocolates suizos tuvieran una fama inigualable durante muchos años. En España no llegaron las primeras hasta 1927, una de ellas es la que tenemos en nuestra fábrica de chocolate. Todo ello hizo que se disparase el consumo, pero también la competencia. Como otras grandes fábricas de chocolate, complementaba la venta ofreciendo café en grano, que tostaba en el tostador del cacao, tés y canelas.

Magnífica etiqueta impresa en uno de los buenísimos talleres litográficos que Málaga tenía por aquella época.
Comienza aquí la crisis en La Riojana. Y aunque no he encontrado ningún dato que lo pueda corroborar, pienso que tuvo que ver con ello el que, posiblemente, tuvieran viñas en los alrededores de Vélez Málaga y les tuvo que afectar económicamente la filoxera. También se complica con la muerte de Gumersindo, uno de los hermanos propietarios, y, por si fuera poco, con un incendio en parte de la fábrica en 1887.
En 1895 le vende la empresa a Hijos de A.J. Gómez y la familia se marcha de la calle San Juan casi con toda seguridad a Vélez Málaga.

Uno de los últimos cromos editado en 1892 por López Hermanos para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América.
Muy poco está en manos de los Gómez, pero tenemos que destacar que amplían la elaboración de chocolates con la fabricación de “bizcochos y galletas” y son los que incorporan a sus tabletas los fabulosos cromos de los talleres alemanes de cromolitografía de Neuroder Kunstanstalien. En este aspecto hay que anotarles a los López Hnos. el obsequio en sus tabletas de una bonita colección de cromos sobre el descubrimiento de América, posiblemente lanzada para conmemorar su cuarto centenario. También son ellos los que ponen la tienda de La Riojana en la calle marqués de Larios nº 1, de la que he estado buscando durante años una foto o postal y no he tenido la suerte de encontrar, pero en plena época modernista que se hizo y demostrada la sensibilidad de la familia Gómez, seguro que sería preciosa.
Ha seguido creciendo la producción, pero en 1903 Leovigildo García compra el edificio fabril de la calle Mármoles y sigue fabricando en él. En esa fecha disponía de 80 operarios y una máquina de vapor de 80 C.V. lo que nos lleva a pensar que tuvieran ya 3 líneas de fabricación de chocolate. También sabemos que se elaboraba toda una gama de chocolates con distintas formas. A las clásicas tabletas se le había unido ya las napolitanas y los cigarrillos de chocolate.

Sensacional grabado con un gran valor histórico: Se ve lo grande que era la fábrica entre 1903 y 1905, cuando aún se encontraba en la malagueña calle Mármoles nº105. Pocos años después sólo vendía en toda Andalucía y el norte de África.
Llegan nuevas dificultades al morir Leovigildo. Su viuda, Concepción Gómez Martínez, regenta la tienda de sus fabricados en la calle Larios nº 1 (pienso que puede ser una de los “hijos de A.J. Gómez y, si es así, Leovigildo les compraría la parte a sus cuñados). En 1918 sufre un nuevo incendio que la dejaría muy debilitada y tendría que vender la fábrica, puesto que en 1920 ya figura como propietario Francisco Luque Repullo, dueño de caramelos La Vienesa, que la instala en la calle Arriola 3, 5 y 7 hasta que, finalmente, la traslada a la calle Cuarteles en donde sufre un tercer incendio ocho años más tarde. 1928, el año que ardió por última vez La Riojana, sería un año decisivo para el futuro de muchas fábricas de chocolate españolas: La multinacional Nestlé comienza a fabricar chocolate en La Penilla (Santander) junto a su fábrica de harinas lacteadas creada en 1905. Una brisa llegada del Cantábrico que arrastraría hasta el horizonte el profundo olor a chocolate que casi durante un siglo impregnó todos los rincones de Málaga, y sólo nos dejó como recuerdo los bonitos cromos que obsequiaba La Riojana.

El último obrador de La Riojana. El propietario aquí era Francisco Luque Repullo, dueño de caramelos La Vienesa (eran muy reconocidos sobre todo los de fruta).
Asun y Antonio Rivero Fernández
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