Historia del chocolate

La Historia del Chocolate es verdaderamente fabulosa. No existe otro alimento que haya surgido del encuentro de dos mundos y tuvieran que unirse dioses y hombres para crearlo.

En nuestro Museo del Chocolate hemos querido representar los momentos más importantes en la difusión del chocolate con estas acuarelas que, además, servirán para ilustrar la Historia del Chocolate que estamos preparando.

Todo comenzó cuando los dioses andaban por la Tierra. Uno de ellos, Quetzalcoalt, según la mitología azteca, hizo brotar el árbol del cacao, en el lugar donde su madre derramó su sangre al ser asesinada por sus enemigos, y se lo regaló a los hombres.

A partir de ahí, los distintos pueblos mesoamericanos se fueron pasando los conocimientos del árbol y su fruto de generación en generación. Al principio sólo chupaban la carne blanca que rodea las habas de cacao, o bien la fermentaban para obtener una bebida alcohólica, o bien prensaban los granos para obtener la manteca de cacao, que usaban como ungüento o combustible.

En el siglo III a.C. los mayas comienzan a cultivar el cacao y utilizan sus semillas para elaborar una bebida fría a la que añadían achiote, un colorante rojo natural, especias y gachas de maíz. Los aztecas, más tarde, pasarían a beberla caliente.

Pero el cambio fundamental, con el que comenzaría una nueva época en esta dulce historia, vino con el descubrimiento del Nuevo Mundo. El primer encuentro de los españoles con el cacao tuvo lugar a finales de julio de 1502, durante el cuarto viaje de Colón, en la isla de Guanaja, a poca distancia de las costas de la actual Honduras. El hermano del almirante ve llegar una piragua con 25 remeros cargada de habas de cacao, entre otras cosas, y nota que eran muy apreciadas por los indios, pues cuando cayeron algunas de ellas al agua “todos intentaban recogerlas como si hubiesen perdido un ojo”.

Al principio, los españoles no les dan importancia, dado que veían unas semillas con aspecto de “cagarrutas de carnero” y un líquido con espuma roja que hacían con ellas y, sobre todo, con un sabor muy amargo. De hecho Colón no las cita y no sería hasta 1520, por medio de Hernán Cortés, cuando se tiene noticias del cacao en la corte.

Pero pronto cambiarían de opinión y comenzaron a probar la antigua bebida, sobre todo a partir de que unas monjas de Oaxaca le incorporaron el azúcar, que habían llevado los españoles, para endulzarla. Esa fue, sin duda, nuestra gran contribución en esta historia, pues hizo que aumentase mucho el consumo entre los españoles del Nuevo Mundo y, después, entre los europeos.

También, según la tradición, la primera receta que vino a España para preparar el chocolate la envió fray Aguilar a sus compañeros cistercienses del monasterio de Piedra. De ahí que hayan tenido tanta importancia los conventos en su elaboración hasta no hace tantos años. El último que los fabricaba es el Monasterio de Trapa, la abadía cisterciense de San Isidro de Dueñas, del que nos sentimos hoy especialmente orgullosos de tenerlo entre nuestros clientes.

Pero la presentación oficial del cacao en España parece ser que corre a cargo de fray Bartolomé de las Casas quien, acompañado de unos indios en su viaje a la corte, se lo presenta al joven Felipe II. Y sería Sevilla, puerto principal de Indias, por donde llegaría, procedente de Veracruz, el primer cargamento de cacao a Europa en 1585.

A finales del s. XVIII su consumo de había extendido de tal manera que aparece en un manuscrito sobre Madrid lo siguiente: “Ha se introducido de manera el chocolate y su golosina que apenas se hallará calle donde no haya uno, dos y tres puestos donde se labre y se venda; y a más de esto no hay confitería, ni tienda de la calle de Postas y de la calle Mayor y otras, donde no se venda y sólo falta lo haya también en las de aceite y vinagre…”.

La revolución industrial haría que se construyeran las grandes fábricas de chocolate y que, por tanto, se abaratase mucho su precio. Esto, unido a la aparición del chocolate con leche en 1875, popularizó su consumo y ya no sólo se bebía, sino que se comía en forma de ricas tabletas o de exquisitos bombones. Pero esto es otra historia que dejaremos para la próxima ocasión.

Asun Rivero

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